lunes, 23 de octubre de 2006

Vehemencia III

La Huída
Beatriz continuaba en la clínica y no sabía qué hacer al respecto, necesitaba salir del lugar, deseaba con ímpetu correr y correr con Ágatha; anhelaba profundamente poder ayudarla y arrancarla de su calvario.
Una de las cosas en las cuales los encargados de la "corrección de conducta" incurrían de vez en cuando, era en la tortura, con la única y macabra idea de poder así, influenciar sus pensamientos y en especial, su sistema límbico, para que de algún u otro modo, repercutiera en su conducta, sus emociones, su memoria, "advirtiéndole" del comportamiento que debía mantener, para no tener que sufrir nuevamente estas molestas vivencias.
Fue así como de vez en cuando la llevaban a una sala herméticamente cerrada, en donde le aplicaban diversos tipos de castigos dolorosos, a los que ella no podía resistirse. En cada ocasión en que dichas inhumanidades eran ejecutadas, nadie sospechaba qué era lo que realmente hacían con ella; sólo Beatriz, quien era la más apegada y amistosa con ella, sabía por todo lo que estaba pasando. Solamente por este motivo, las dos se comprometieron en un pacto, jurando que de algún motivo saldrían del hospital y que volverían a ver la luz del día desde alguna otra perspectiva, totalmente ajena a la que vivenciaban.
Por fin convino la mejor manera de realizar su hazaña; necesitaría la ayuda de algunos enfermeros y asistentas, los cuales la respaldarían en la no administración de ciertas drogas que deliberadamente se le suministraban a la mujer, también la actuación por algunos minutos y por último, pensar cómo burlar la vigilancia.
A medida que los días pasaban, creaba en su mente cómo pedirle la ayuda a los “doctores”; un día de ingenio, encontró la mejor manera, exponer y solicitar clandestinamente el apoyo que necesitaba, dio a conocer su punto de vista de la situación y al notar la disposición de ellos en ayudarla, acordó con sus cómplices llevar a cabo el plan.
El día había llegado, tenía todo plenamente bajo control, ayuda lista, a Ágatha completamente “limpia” (entiéndase como si fuera “sin droga alguna”), y los guardias previamente dopados con una pequeña dosis de dopamina, una cantidad moderada para así no causarle ningún desperfecto neuronal; lo único que faltaba era concentrarse y poner todo de su parte para lograrlo; sabía que su amiga tenía en ella, depositadas todas sus esperanzas de salvación, no veía de ninguna otra manera una posible fuga, no existía otra situación más evidente y tentadora que aquélla.
Eran las 20:30 horas, la etapa de cena en el hospital, los enfermeros y enfermeras como de costumbre, sacaron en pequeños grupos a los pacientes al comedor, una vez realizado ésto cogieron a Ágatha y la mantuvieron resguardada junto con Beatriz en una sala pequeña para así descansar lo suficientemente como para recuperar energía y reposar la cena.
Siendo las 21:00 horas tomaron sus cosas - las más esenciales - y comenzaron a ejecutar su escapatoria. Al llegar a la caseta del guardia notaron que ya estaba durmiendo así es que le sustrajeron el manojo de llaves, abrieron la puerta y corrieron a toda velocidad hacia la puerta general de entrada, en donde no debería haber ningún guardia, puesto que sus “amigos” simularían algún accidente con un paciente, lo que les permitiría contar con minutos extras para escapar sin ser sorprendidas por nadie.
Al abrir la puerta, notaron que efectivamente no había nadie, y lo más rápido que pudieron, emprendiendo su huída.
Pudieron ver la luz de un nuevo despertar, pero esta vez sintiéndose felices, cosa que no hacían desde hacía mucho tiempo.
Ágatha, que estaba en perfecto estado - aun después de haber sufrido tanto en aquel lugar - además del regocijo producido por la libertad, palpaba en carne propia, la muerte de un yo muy especial, ese yo que todos queremos dejar atrás, con el cual combatimos para ver quién perdura en el tiempo, cuál de los dos derriba al otro, dejándose el futuro por delante para sí mismo, sin necesidad de depender de la otra mitad; afortunadamente para ella, el lado del bien había ganado en la última y más importante partida.

jueves, 7 de septiembre de 2006

Vehemencia II

La Otra Vivencia

Beatriz veía cómo aquella mujer era atada a la camilla y lograba percibir la angustia que la paciente mostraba al ser sedada por el doctor.
Ese día había decido permanecer allí por un tiempo más.

Seis meses atrás iba ingresado por la puerta del hospital psiquiátrico por causa de su amante, un hombre elegante, con bastantes ínfulas de superioridad, quien la mandaba ahí para callar un horrible crimen cometido, ya que necesitaba mantenerla encerrada, alejada de toda situación en que pudiese liberar aquel secreto de su alma, acusándolo y dejándolo mal en frente de sus pares.

En resumidas cuentas, este hombre que poseía bastantes recursos monetarios, decidió pagar una envidiable suma al Director del centro médico a cambio de la permanencia de la mujer, a la que le diagnosticaron depresión endógena. En cierto modo, una parte del informe era cierto, padecía depresión, pero no endógena. El dolor causado por la verdad, la llevaba a un profundo agujero, del cual nunca deseaba salir, lloraba al ver que su querido esposo la había engañado y al darse cuenta de que él haría todo lo posible por cumplir sus ambiciones, costase lo que costase, realmente no quería vivir así. Ningún enfermero ni doctor sabía el verdadero diagnóstico de Beatriz, todos creyeron cabalmente las palabras del Director y siguieron al pie de la letra todas las indicaciones que recibían por parte de éste.

Pasaron tres meses desde que llegó al lugar, cuando de forma repentina, el Director sufrió un ataque cardíaco causándole la muerte; a los pocos días, un nuevo Doctor había sido asignado en el puesto para poder suplir la pérdida. A Beatriz en un comienzo no le importó el tema, no pensó en nada más que en su felicidad y permanencia allí, pero de a poco creía poder encontrar la manera de librarse de aquel calvario y salir por la puerta triunfante. Fue mostrando mejoras en su ánimo, actitud y apariencia; ahora vestía de manera alegre, le sonreía al personal y entablaba interesantes conversaciones con algunos enfermeros y enfermeras que diariamente la visitaban. Un día, una mujer llegó al hospital, le llamó profundamente la atención su apariencia, estaba menoscabada, desarreglada y despeinada, parecía como si se hubiese jalado el pelo y roto las vestiduras. Pasaron algunos días y se acercó a ella, se llamaba Ágatha, y lo único que pedía era que le entregaran a su bebé; extrañamente recorría los pasillos de manera solitaria, murmurando lo mismo de siempre.

Momentos antes de ser atada a la cama, de un momento a otro, apareció vestida con un lindo kimono rojo (Ágatha le había comentado que le gustaban los atuendos japoneses), al parecer los doctores la habían complacido con algún pedido especial que ella les había formulado y ese día habían decidido vestirla así. Al poco rato, empezó a azotarse contra las murallas, le sorprendía de sobre manera que los enfermeros o enfermeras no la fueran a ver. Se levantó de su cama y salió al pasillo a ver si la podía ayudar, pero un doctor la tomó por un brazo y la devolvió a su cama, le advirtió que aquello era un experimento para ver cuán mal estaba la paciente y que no debían interrumpirlo, porque era de suma importancia en su mejora.

Exaltada, se quedó ahí esperando ver en qué terminaba la sesión.
Al culminar la experiencia, viendo a Ágatha tendida en la cama del frente, decidió quedarse ahí por más días - aunque sabía que prontamente la darían de alta- lo haría para saber en qué quedaría su caso y ver de algún modo cómo trataban a los pacientes, tal vez, este era un hospital cien por ciento ilegal y la metodología de trabajo no ayudaba en lo más mínimo en la recuperación de los desafortunados pacientes; eso era lo que precisamente quería averiguar.



jueves, 17 de agosto de 2006

Vehemencia

Vehemencia

Ágatha caminaba por el estrecho pasillo hacia un dormitorio, al llegar a éste se detuvo de improviso, rápidamente quiso mirar hacia atrás, pero ya era demasiado tarde, sintió un gran malestar en su cabeza y cayó al suelo.
Al despertarse, se encontró tendida en una pradera hermosa, florida, a su alrededor los pájaros gorjeaban alegremente, las flores crecían como nunca las había visto, la claridad del cielo la extasiaba, su lugar soñado, lejos de la ciudad, de la urbanidad en exceso, de los millones de transeúntes que la embriagaban con sus estúpidos episodios de arrebatos y bajezas, de las vagas conversaciones que mantenía con sus amigos, sus pocos y despreocupados amigos; tal vez ese era el motivo de su alegría, quizás no extrañaba la vanidad de su amiga Clara, la soberbia de Ernesto, la promiscuidad de María Trinidad, el oportunismo de Carter y la infaltable desfachatez de Eugenia.
Pensó que le habían dado un mazazo en la cabeza y con elegante lentitud optó por ponerse de pie y tratar de averiguar dónde estaba.
Caminó por horas y horas, pero no encontró rastros de humanidad, sólo era la naturaleza y ella, mientras recorría senderos y riachuelos, en su cabeza había mil cosas, recuerdos cortísimos de su paso por el colegio, vacaciones familiares, tardes con sus conocidos y cercanos, divisaba a sus compañeros de universidad, después imaginaba qué le dirían en su trabajo cuando la viesen llegar, cómo sería recibida, ya que no sabía cuánto tiempo permanecería ahí.

Cuando su cuerpo ya no daba más por el agotamiento y el hambre, justamente encontró un árbol frutal, se inclinó para alcanzar una manzana, lo que le recordó la imagen de “Adán y Eva” en el momento en que los echaron del paraíso, pensó en lo terrible que había sido para ellos haber probado el fruto prohibido, que por su parte, muy por el contrario, no daba cabida en su cerebro, fuese un pecado necesario de castigarse; lo rozó con los dedos y cuando hubo alcanzado la parte inferior de ésta, la trató de jalar con mucha energía, mas lo único que consiguió fue resbalarse y recibir un estruendosos golpe en el tronco del árbol.
Otra vez estaba en ese pasillo, largo y estrecho, vacío, cubierto por las tinieblas, que le causaban un gran miedo desde niña, nunca supo qué era lo que le aterraba de la negrura de las sombras, sólo podía enfocarse en su miedo. Cada vez que se acercaba más y más a la oscuridad, trataba de respirar hondo y pausadamente, aunque a momentos retenía el aire, lo que aumentaba su adrenalina y sensación de ahogo. De pronto, una luz se encendió desde la lejanía del corredor, pequeña y luminosa, creyó percibir una luminosidad casi como si fuera una especie de candelabro, una vela de mano o tal vez, quién sabe, un diminuto fósforo. La luz se extinguió y perdió el control, algo la tomó y azotó fuertemente contra la pared.
Nuevamente era de día y la radiante felicidad de Ágatha se fortalecía, hoy aparecían más animalitos en su pradera, ardillas y conejos se le acercaban y acurrucaban en sus ropajes, de pronto, sin anticiparse a hacer algo, la perturbó el sonido de un cuervo que pasaba por el cielo nublado, lo observó y sintió que podía ser algún presagio de algún mal que se le acercaba. Como el día anterior, esta vez también se dispuso a buscar nuevos indicios de vidas pasadas o partes de humanidades perdidas. Al llegar a una inclinada pradera logró divisar a lo lejos un manantial que servía como fuente hidrogenada para varias especies, sin aún lograr encontrar algún rastro de osamenta u organismo desarrollado.
Ágatha se acercó al agua y la palpó con sus propias manos, sintió la frescura del agua desplazándose por sus dedos, recorriendo sus tibias manos que acariciaban con delicadeza el tierno manantial.
La ansiedad fue mala consejera y la incitó a desvestirse de lo poco que llevaba puesto y a sumergirse en las profundas sombras de aquel lugar.
Sin saber cómo, sus piernas perdían su agilidad, sus manos se quedaban quietas, sus miembros se acalambraban sin ningún motivo; todo le parecía extraño, los ojos se le cerraban y la falta de aire empezaba a desesperarla. ¿Qué me pasa? – se decía a sí misma con asombro; después de aquéllo, despertó en aquel corredor oscuro y lejano que la atormentaba constantemente, no había nada que la salvase de la tortuosa y cotidiana molestia de no saber para dónde iba, qué hacía allí, qué buscaba, no sabía nada y a medida que el tiempo pasaba, perdía la esperanza de poder salir del lugar. ¿Cómo puedo salir de aquí? - Decía confundida, pero al parecer nadie la oía, ¿Qué estará pasando? – Continuaba diciéndose - Los sonidos eran ecos del silencio, su apasionado malestar la hacía golpear los muros del edificio, pero aún así, nadie mostraba indicios de querer explicarle lo que sucedía.
Al cabo de unos minutos, las luces se encendieron, “Por fin se hizo la luz” – Exclamó- ahora sí podía distinguir las paredes de madera fina y cuidada, creía estar en una casa japonesa, sorpresivamente notó que vestía ropa japonesa, su atuendo de geisha era muy particular y a causa del prensado kimono, le costaba trabajo caminar mientras los recuerdos se le venían a la mente.
Su familia se había ido hace poco, pero - ¿A dónde? ¿Por qué sin mí? – Se decía mortificada. No alcanzó a terminar de razonar, cuando un joven vestido con un delantal blanco y aspecto serio la tomó del brazo y la encaminó hacia el fondo del pasillo, apresuradamente abrió una puerta y la recostó sobre la cama. Con dificultad la amarró a la camilla, le pidió que se calmara, y con grandes pericias logró inyectarle un sedante - ¿Qué me está haciendo? – Pensaba mientras oponía resistencia a la inyección – unos segundos después perdió el combate y no pudo más, sus ojos perdieron la fuerza con que se mantenían abiertos de par en par, percibió por última vez la silueta de aquel jovencito en los pies de la cama y todo se tornó borroso.
Mientras la droga le hacía efecto, recordó todo, en un flash back se le vinieron los recuerdos a la cabeza, su familia, sí, su familia la había dejado ahí, abandonada, no, mejor dicho, por alguna razón de suma importancia habían decidido mantenerla encerrada, ¿Qué me sucede? – Creía gritar – pero no podía proferir sonido alguno.
Con calma decidió pensar y razonar, “Si estoy aquí, debe ser por algún motivo demasiado relevante” Y con justa razón, las imágenes lo decían todo, ella vestida con el mismo kimono que llevaba puesto, mantenía en sus brazos lo que parecía un bebé, lo acariciaba con serenidad y con una aletargada sorna que la hacía parecer tortuga.
¡Su bebé, sí, éso era! “¿Dónde había quedado? ¿Qué habían hecho con él? - Las lágrimas brotaban de sus ojos, su cara se bañaba en ese fuerte torrente que empezaba a mostrar los estragos que producía en el maquillaje y en su rostro opaco y triste.



domingo, 28 de mayo de 2006

M & R

Misterio M & R

Deseando Que Todo Sea Favorable, Que Aquel Personaje Anhelado Sea Para Mí, Estoy Aún En Penumbras Esperando El Día En Que Por Fin Pondré Fin A Este Ingenioso Misterio Inventado Por Mí Mismo Y Que Hasta Ahora No He Podido Descifrar.

Según Actos Evidentes Por Parte De Él, Mi Teoría Se Estaría Cumpliendo.
Según Mis Fuentes De Investigación, También Lo Sería.
El Asunto En Este Momento Es Saberlo Por Parte Del Afectado Principal.

Cómo Hacerlo?

Ahí Está El Problema, Cómo Saberlo, Necesito Idear Algo, Pero Luego; Quién Sabe Si Resulta?
Me Hace Falta Más Confianza; Envidio A Las Personas Que Se Lanzan Al Problema De Forma Relajada, Sin Temer Nada Ni Tener Remordimientos O Trancas.

Ojalá Que Pronto Se Resuelva Todo Y Sea Positivo Para Ambos =P

Que Se Pudra! xD

viernes, 12 de mayo de 2006

Ensayo I

Situación Post-Riesgo

La Historia "Riesgo" La Terminé De Publicar Hoy Con Todos Sus Capítulos, Para Que Así Empezara A Mostrar Mi Nuevo Trabajo, Creaciones Nuevas, De Mí Por Supuesto,
Ambientadas En Otros Lugares Con Personajes Que
No Existen Realmente, Pero Que Reflejan
Lo Que Soy Y A Los Que Me Rodean.

Los Posteos Son Correspondientes A Los Que Alguna Vez Dejaron En Mi Photolog, Pero Que Ahora Los Dejo Estampados Acá, Donde Siempre Debieron Estar.
(Nunca Me Quise Crear Un Blog Para Contar Los Sucesos, La Flojera xD)

Y Ahora Qué Sucedió? Todo Por Qué? Porque "Victor" Me Sugirió Que Escribiera Cosas Más Fáciles, Digeribles, No Con Tanto Pensamiento.
El Sheego También Se Le Une, Pero Es Peor, Se Le Funde El Cerebro, Se Autodestruye El Encéfalo, La Médula Se Parte En Mil, Etc....

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La Verdad, Este Es Un Texto Apartado De Riesgo.

Ahora Estoy ideando Un Ensayo Sobre La Sexualidad Secreta De Los Gays.
Que Original No? Ya Existe La De Las Mujeres Y Hombres, Pero Al Parecer Nadie Se Preocupa De Nosotros, Aunque, ¿Quién Soy Yo Para Hablar De Este Tema? No Soy Sexólogo Ni Psicólogo Como Para Poder Dar Una Postura Técnico- Profesional Acerca De Este Tópico Tan Poco Recurrido.
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¿Modernidad, Pasividad O Actividad?

¿Qué Es Lo Que Primero Piensa La Gente Al Decirle Que Un Homosexual Es Muy Notorio O Loca? “A Este Wn Le Dan Como Caja” “Éste Es Yegua” Y Muchas Otras Evidentes Y Conocidas Frases Populares. Si No Se Le Nota Y Es Lindo, Rico, Tira Pinta: “Está Como Para Darle” Está Bien Rico” , Pero Después De Habérselos Joteado, Y Que Supieran De Su Propia Boca Que Es Gay, Dicen: “ ¡Rico Y Maricón El Wn! Pero Si Es Moderno:” Le Gusta Vuelta Y Vuelta Al Wn”, “Le Gusta De Todo”

Lo Importante Es El Cariño, Amor Y Respeto Que Exista Dentro De La Pareja, Sea Compuesta Por Dos Hombres, Dos Mujeres O Un Hombre Y Una Mujer.
La Gente Nunca Queda Contenta Con Nada! Siempre Son Exigentes!
En Fin, La Gente Es Tan Mal Hablada, Que Juzgan Todo Y Nadie Se Salva, Tomando Todas Las Características, Sexualidad, Raza, Tamaño, Edad, Sexo, Vestimenta, Etc.
Claramente No Ven La Felicidad Y El Goce De Los Que Se Encuentran En Su Entorno Y Que No Necesariamente Se Preocupan De Detalles Tan Superfluos Como Ésos, Y Aún Así Son Felices Con Sus Pares, Viviendo La Vida Día A Día, Sin Tomar En Cuenta A Los Mal Intencionados Que Nunca Faltan......

Riesgo VIII

[Chapter 10]

Era El Mes De Diciembre Cuando Empezábamos A Terminar Las Clases En La Facultad, Todo Estaba Más Relajado, Menos Deberes, Pero Con Temor A Las Pruebas Finales Y Exámenes.
En Uno De Esos Días En Que Debía Dar Uno De Las Últimas Pruebas, A Álvaro No Se Le Ocurrió Nada Mejor Que Raptarme En Pleno Descanso, En Frente De Todos Mis Compañeros En El Patio. Ahora Obviamente Media Facultad Nos Conocía, Éramos Los Dos Gays Más Conocidos Dentro De La Universidad, Hasta Los Profesores Nos Tenían En La Mira, No Faltaba El Que Trataba De Destruirnos, Aunque Nunca Lo Conseguía.
Volviendo Al Rapto; Me Llevaba Rápido Al Baño, Yo No Entendía Por Qué Hacía Eso, Era Sorprendente, No Me Hablaba Nada, Era Muy Sospechoso Todo Eso.
Entramos Al Baño Y Me Empujó. Me Gritó E Insultó.
Me Tiró Las Llaves Del Departamento En La Cara Y Se Fue.
Quedé Pasmado, No Sabía Qué Hacer, Si Salir Detrás De Él O Dejarlo Ir Y Perderlo.
Corrí Desesperadamente Tras Él, Por Todo El Campo Pastado, Hasta Que Lo Alcancé, Le Tironeé El Brazo Y Lo Atraje Hacia Mí. Lo Besé, Pero Me Volvió A Empujar – La Verdad Es Que No Sé Por Qué Lo Besé, Debería Haberme Limitado A Aclarar La Situación, Pero Lo Hice Y Ya – Lo Abracé Y Tomé La Cabeza, La Acerqué A Mi Hombro Y Le Pedí Que Habláramos. Aceptó Muy Pronto, No Necesité Mayor Tiempo, Ya Que Puso Poca Resistencia. Le Pregunté Por Qué Había Reaccionado De Esa Forma Y Me Contó Todo. Quedé Perplejo Al Enterarme De Su Historia - Alguien Le Había Contado Que Yo Andaba Con Otro Tipo, Con Ese Tipo De La Disco, Al Que Una Vez Que Habíamos Asistido, Le Habíamos Pegado Por Molestoso Y Poco Disimulado. Era Obvio Que Reaccionara, Respondía Muy Bien Al Perfil Psicológico De La Mayoría De Los Gays Que Conozco – Pensando Y Analizando Minuciosamente El Asunto, Llegamos A La Conclusión De Que Eso Había Sido Tramado Por Alguien Que Nos Quisiera Separar Definitivamente Y Para Siempre – Las Únicas Personas Podían Ser Sus Padres – Decidimos Ir A Casa De Ellos, Los Dos Juntos Encararíamos A Esos Infelices. Tocamos La Puerta De La Casa Y Salió A Recibirnos La Mamá.
Entramos Sin Que Nos Lo Dijera, Le Exigimos Que Nos Contara La Verdad.
Que Expusiera Su Punto De Vista Y Explicara Por Qué Había Pedido A Ese Hombre Que Nos Separara. Ella Rompió En Llanto Pidiendo Perdón – La Verdad Es Que Nunca Pudo Aguantar Que Su Hijo Fuera Distinto Al Resto, Que No Le Diera Nietos Que Pololeara Con Hombres Y Con Lo Que Eso Conllevaba, Que Forma Una “Familia” Con Otro De Su Mismo Género, Evidentemente. Después De Averiguar Eso Pudimos Descansar, Relajarnos, Confiar En El Otro, Etc.
Es Por Eso Que Hace Un Rato, Ahora Ya En Vacaciones, Preparándonos Para Irnos De Viaje En Unas Pocas Horas, Decidí Contarle Mis Sueños. Al Pensarlo Fríamente, El Sueño Del Secuestro Significaba Que Al Tratar De Arrancar De Esa Situación Límite, Tendría Una Confusión Mental, Claro Que No Me Afectó A Mí, Sino A Mi Pareja; Y El Segundo, Cuando Me Lanzaba Al Vacío Era La Desconfianza Que Sus Padres Trataron De Sembrar Entre Nosotros. Ahora Tengo A Álvaro A Mi Lado, Viendo Cómo Termina Esta Historia, Una Parte De Nuestra Larga Historia, Es Obvio Que Falta Mucho Por Recorrer Juntos; En Este Momento Tengo Que Dejar La Historia Hasta Aquí Ya Que Me Está Empezando A Besar Y No Me Quiere Dejar Escribir Tranquilo.

Riesgo VII

[Chapter 9]

Un Día Que Fuimos A La Disco Con Álvaro, Un Tipo Me Miraba Sin Tratar De Disimularlo, Era Inescrupuloso, Deseoso, Incapaz De Notar Que Yo Estaba Con Alguien, No Respetaba A Mi Pareja, Lo Avasallaba Sin Preocupación.
Al Rato, Comenzó A Acercarse De A Poco.
Para Que Al Tipo Le Quedara Claro Que Andábamos Juntos, Mi Acompañante Me Besó, Yo Seguí Sus Labios, El Ritmo De La Situación Y Me Dejé Llevar Por Unos Instantes.

En Un Momento Estuvo Tan Cerca, Que Álvaro Se Empezó A Impacientar, Le Dije Que Nos Fuéramos A Otro Lado Para Evitar Cualquier Encuentro Con Él – Ya Veía Que Se Le Abalanzaba Encima Y Le Pegaba, El Exceso De Testosterona Había Surtido Efecto En Él Y Me Lo Imaginaba Tratando De Resguardarme De Ese Desconocido, Sacaría Su “Masculinidad” En Cualquier Instante, Y Eso No Estaría Nada De Bien En El Local, Y Obviamente Yo No Quería Ningún Numerito En Frente De Tantas Personas- Caminamos Rápidamente Hacia La Otra Pista Y Aguardamos Un Rato, Mientras Tanto, A Álvaro Le Bajó Un Ataque De Amor Y Me Volvió A Besar, Me Abrazó Y Me Acarició; Me Apretó Contra Él Y Me Hizo Cariño En El Pelo. Me Sentí Tan Confortado Que Deseaba Estar En Nuestro Departamento, Los Dos Solos, Sin Esa Música Que Estaba A Todo Volumen, Con El Insoportable Olor A Cigarro, Con Gente Que Pasaba Ebria, Algunos Besándose, Otros Más Desinhibidos, Tocándose Desmesuradamente, Olvidando Que Estaban Con Otras Personas.
Le Dije Que Nos Fuéramos, Que Quería Estar A Solas Con Él, En Nuestro “Nidito De Amor”.
De Pronto, Vi Cómo Aquel Hombre Que Me Miraba Sin Reparo, Otra vez Me Acosaba; Era Insoportable. Me Paré, Me Acerqué Y Le Pegué. Cayó Al Suelo En Medio De Varias Personas. Se Levantó Y Me Miro Con Una Sonrisita Estúpida, Se Acercó Para Tratar De Besarme, Pero Esta Vez Fue Álvaro Quien Salió En Mi Defensa, Le Pegó Una Vez Y Le Dejó Bien Claro El Panorama; Me Tomó De La Mano Y Nos Fuimos Al Departamento.

Llegamos Y Nos Dejamos Caer En Nuestra Cama, Nos Abrazamos Y Le Di Un Largo Y Cariñoso Beso De Buenas Noches. Él Parece Que Esperaba Algo Más, Pero Yo No Cedí. De Pronto En La Madrugada Sentí Que Alguien Estaba Muy Cerca De Mí, Su Respiración La Sentía En Mi Cara, El Calor Corporal Se Hacía Agradable. Abrí Un Ojo Y Vi Que Era Él, Con Una Amplia Sonrisa En Los Labios.
Ante Tal Carita, ¿Cómo Podría Renunciar A Su Petición?