lunes, 26 de febrero de 2007

Una Libación Por Ana

Me Cuesta Tanto Olvidarte


Hace poco se presentó la cantante española Ana Torroja y con su espléndido repertorio de antiguas canciones para nunca olvidar, revivió en mí, cientos de emociones.Y a partir de eso, se me ocurrió la genial idea de volver a escuchar sus canciones para notar la pronunciada diferencia que hoy en día existe.
Bueno, la cosa es que, hablando por aquí y por allá con un sujeto - que denominaremos "XBeta"- excavó en un pasaje de mi vida, que creí mantener bien sepultado, pero que curiosamente, en contacto con la melodiosa canción de la Srta. Torroja, surtió el efecto más inesperado.
Nunca pensé que dolería tanto, semejante combinación no se hizo esperar mucho tiempo y atacó en picada, atentando gradualmente mi memoria.
- Al final, qué pasó? - Busqué la causa del molesto recuerdo, y, ahí estaba, sí, estaba de lo mejor, dando grandes detalles de su actual felicidad [yo aún creía que no me afectaría] , pero, grave error, fueron diez mil toneladas de agua bien helada combinadas con el más ácido factor emocional que pudiera existir en el mundo. La sustancia estaba encima, ya aplicada, y yo, esperaba que todo siguiera normal - el constante bombardeo social, las pláticas simples y las mismas respuestas de siempre "nah" , " seh", "xD" y todas las porquerías que dices por el mensajerito virtual, la musiquita de fondo y las continuas exploraciones de internet - tanta fue mi mala suerte, que no, no fue tan facilitada la situación, empeoró aún más al ver las pruebas de mi falso repunte emociopsicosocial - entiéndase como si fuera una imbecilidad importante [qué paradojico, no? ] - me desintegraron y me consumí en el océano de los deseos más recónditos y no concretados.

Triste, pero Ana siempre produce eso en mí.
Una inmensa catarsis.

jueves, 15 de febrero de 2007

Formas De Hablar

Diana García

La Wea Chistosa Csm!

Por Favor, Véanlo, Cáguense De La Risa!
La Wea Del Zoológico Csm!
"Lo Pasé La Zorra" xD


sábado, 27 de enero de 2007

Suiza

Odisea Europea

Antes Que Todo, Me Gustaría Agradecerle A Mi Amigo Y Compañero "Tokoko", Alias "Pinky", Quien Me Facilitó Las Dos Últimas Photos, Que Fueron Enviadas Por Su Prima Desde Suiza.
Gracias Wn! =)


Salí del país hace un año, terminé de estudiar y con Álvaro estamos en esta hermosa tierra, Berna, capital de Suiza.
Desde acá les escribo para contarles lo que ha sido de nosotros durante este largo período de ausencia. Partiré desde que les dimos el comunicado a los nuestros.

Con la sorpresiva partida, nuestras familias quedaron boquiabiertas y entristecidas, pero no les quedó otro remedio que asimilar nuestro viaje, ya que no les daríamos ningún crédito ni mayor trascendencia a lo que ellas pudieran opinar al respecto, la decisión ya estaba tomada, partiríamos a Suiza a fin de mes, aunque le disgustase a quien fuere.
Por un lado, estaba la familia de él, como siempre lo dije, no me querían ni ver, por lo que solamente les dimos el aviso, y por otra, mi familia, mi hermana ya no estaba - se cumplirían un poco más de 4 años desde que había fallecido en un accidente de avión – Mis padres nos felicitaron por nuestro nuevo proyecto y mis hermanos también se alegraron de saber que mi espíritu emprendedor por fin comenzaba a actuar y a demostrar mi evolución.

El día del viaje, ambas familias nos fueron a despedir al aeropuerto, lo que me pareció sorprendente – nunca pensé que mis “suegros” fueran capaces de guardarse su orgullo en el bolsillo e ir a decirle “adiós” aunque sólo fuese a su hijo - por más que me traté de guardar las lágrimas, en el momento de abordar el avión no pude más y exploté en un mar de emotivas y claras perlas saladas, las que acompañadas por largos suspiros, dieron el puntapié inicial a una nueva vida, a una travesía a la que todavía no damos término.
Antes de despegar, el pánico se apoderó de mí - el accidente de mi hermana aún latía en mi memoria, evocando aquella época en la que ella había partido de la misma manera a un destino inesperado – Sin embargo, esta engorrosa situación pasó rápidamente y nos dio motivos para conversar y planificar nuestro arribo a Suiza, entre otras cosas.
En el momento de nuestra llegada, la nieve comenzaba a cubrir delicadamente el empedrado y las tranquilas calles de Berna se encargaban de remembrarnos aquellas imágenes que sólo podíamos ver en películas estadounidenses, sin dejar de lado el misticismo que la nieve nos entregaba, el cual nos mantuvo pensativos durante todo el trayecto a nuestra nueva residencia.

Al poner el primer pie en la entrada de la casa, sentí una enorme alegría por haber logrado algo muy importante y significativo, obviamente, estar con quien tú más quieres, le da un notorio complemento, que sin lugar a dudas, en mi caso, me hacía más feliz, ya que de alguna manera este nuevo proyecto era una hazaña conjunta entre Álvaro y yo.
A medida que vamos acostumbrándonos a las características propias de Europa, conocemos sus más bellas atracciones.
El otro día fuimos a almorzar a Ginebra [otra ciudad] y nos sentamos largo rato en frente del “Chorro de Agua” o le Jet d'eau, que ya empezaba a funcionar moderadamente, ya que corría un viento fuertísimo.

A eso de las cinco de la tarde decidimos devolvernos a casa, tomamos el tranvía y nos dispusimos a pensar en lo que podríamos hacer de entretenido en un día tan frío - porque sinceramente, salir con esa introducción al temporal, no era precisamente una muy buena opción – vimos la posibilidad de invitar a algunos amigos [que otro día describiré detalladamente], pero concordamos en que lo mejor sería quedarnos solos en casa.
Ahora que me detengo a mirar por la ventana, noto que la nieve se apodera del pasto y que los indicios de su poderío - intrínseco de la nieve [cuando quiere causa desmanes gigantescos] - me empiezan a llamar la atención, puesto que en Chile jamás se puede ver un efecto como este.


lunes, 23 de octubre de 2006

Vehemencia III

La Huída
Beatriz continuaba en la clínica y no sabía qué hacer al respecto, necesitaba salir del lugar, deseaba con ímpetu correr y correr con Ágatha; anhelaba profundamente poder ayudarla y arrancarla de su calvario.
Una de las cosas en las cuales los encargados de la "corrección de conducta" incurrían de vez en cuando, era en la tortura, con la única y macabra idea de poder así, influenciar sus pensamientos y en especial, su sistema límbico, para que de algún u otro modo, repercutiera en su conducta, sus emociones, su memoria, "advirtiéndole" del comportamiento que debía mantener, para no tener que sufrir nuevamente estas molestas vivencias.
Fue así como de vez en cuando la llevaban a una sala herméticamente cerrada, en donde le aplicaban diversos tipos de castigos dolorosos, a los que ella no podía resistirse. En cada ocasión en que dichas inhumanidades eran ejecutadas, nadie sospechaba qué era lo que realmente hacían con ella; sólo Beatriz, quien era la más apegada y amistosa con ella, sabía por todo lo que estaba pasando. Solamente por este motivo, las dos se comprometieron en un pacto, jurando que de algún motivo saldrían del hospital y que volverían a ver la luz del día desde alguna otra perspectiva, totalmente ajena a la que vivenciaban.
Por fin convino la mejor manera de realizar su hazaña; necesitaría la ayuda de algunos enfermeros y asistentas, los cuales la respaldarían en la no administración de ciertas drogas que deliberadamente se le suministraban a la mujer, también la actuación por algunos minutos y por último, pensar cómo burlar la vigilancia.
A medida que los días pasaban, creaba en su mente cómo pedirle la ayuda a los “doctores”; un día de ingenio, encontró la mejor manera, exponer y solicitar clandestinamente el apoyo que necesitaba, dio a conocer su punto de vista de la situación y al notar la disposición de ellos en ayudarla, acordó con sus cómplices llevar a cabo el plan.
El día había llegado, tenía todo plenamente bajo control, ayuda lista, a Ágatha completamente “limpia” (entiéndase como si fuera “sin droga alguna”), y los guardias previamente dopados con una pequeña dosis de dopamina, una cantidad moderada para así no causarle ningún desperfecto neuronal; lo único que faltaba era concentrarse y poner todo de su parte para lograrlo; sabía que su amiga tenía en ella, depositadas todas sus esperanzas de salvación, no veía de ninguna otra manera una posible fuga, no existía otra situación más evidente y tentadora que aquélla.
Eran las 20:30 horas, la etapa de cena en el hospital, los enfermeros y enfermeras como de costumbre, sacaron en pequeños grupos a los pacientes al comedor, una vez realizado ésto cogieron a Ágatha y la mantuvieron resguardada junto con Beatriz en una sala pequeña para así descansar lo suficientemente como para recuperar energía y reposar la cena.
Siendo las 21:00 horas tomaron sus cosas - las más esenciales - y comenzaron a ejecutar su escapatoria. Al llegar a la caseta del guardia notaron que ya estaba durmiendo así es que le sustrajeron el manojo de llaves, abrieron la puerta y corrieron a toda velocidad hacia la puerta general de entrada, en donde no debería haber ningún guardia, puesto que sus “amigos” simularían algún accidente con un paciente, lo que les permitiría contar con minutos extras para escapar sin ser sorprendidas por nadie.
Al abrir la puerta, notaron que efectivamente no había nadie, y lo más rápido que pudieron, emprendiendo su huída.
Pudieron ver la luz de un nuevo despertar, pero esta vez sintiéndose felices, cosa que no hacían desde hacía mucho tiempo.
Ágatha, que estaba en perfecto estado - aun después de haber sufrido tanto en aquel lugar - además del regocijo producido por la libertad, palpaba en carne propia, la muerte de un yo muy especial, ese yo que todos queremos dejar atrás, con el cual combatimos para ver quién perdura en el tiempo, cuál de los dos derriba al otro, dejándose el futuro por delante para sí mismo, sin necesidad de depender de la otra mitad; afortunadamente para ella, el lado del bien había ganado en la última y más importante partida.

jueves, 7 de septiembre de 2006

Vehemencia II

La Otra Vivencia

Beatriz veía cómo aquella mujer era atada a la camilla y lograba percibir la angustia que la paciente mostraba al ser sedada por el doctor.
Ese día había decido permanecer allí por un tiempo más.

Seis meses atrás iba ingresado por la puerta del hospital psiquiátrico por causa de su amante, un hombre elegante, con bastantes ínfulas de superioridad, quien la mandaba ahí para callar un horrible crimen cometido, ya que necesitaba mantenerla encerrada, alejada de toda situación en que pudiese liberar aquel secreto de su alma, acusándolo y dejándolo mal en frente de sus pares.

En resumidas cuentas, este hombre que poseía bastantes recursos monetarios, decidió pagar una envidiable suma al Director del centro médico a cambio de la permanencia de la mujer, a la que le diagnosticaron depresión endógena. En cierto modo, una parte del informe era cierto, padecía depresión, pero no endógena. El dolor causado por la verdad, la llevaba a un profundo agujero, del cual nunca deseaba salir, lloraba al ver que su querido esposo la había engañado y al darse cuenta de que él haría todo lo posible por cumplir sus ambiciones, costase lo que costase, realmente no quería vivir así. Ningún enfermero ni doctor sabía el verdadero diagnóstico de Beatriz, todos creyeron cabalmente las palabras del Director y siguieron al pie de la letra todas las indicaciones que recibían por parte de éste.

Pasaron tres meses desde que llegó al lugar, cuando de forma repentina, el Director sufrió un ataque cardíaco causándole la muerte; a los pocos días, un nuevo Doctor había sido asignado en el puesto para poder suplir la pérdida. A Beatriz en un comienzo no le importó el tema, no pensó en nada más que en su felicidad y permanencia allí, pero de a poco creía poder encontrar la manera de librarse de aquel calvario y salir por la puerta triunfante. Fue mostrando mejoras en su ánimo, actitud y apariencia; ahora vestía de manera alegre, le sonreía al personal y entablaba interesantes conversaciones con algunos enfermeros y enfermeras que diariamente la visitaban. Un día, una mujer llegó al hospital, le llamó profundamente la atención su apariencia, estaba menoscabada, desarreglada y despeinada, parecía como si se hubiese jalado el pelo y roto las vestiduras. Pasaron algunos días y se acercó a ella, se llamaba Ágatha, y lo único que pedía era que le entregaran a su bebé; extrañamente recorría los pasillos de manera solitaria, murmurando lo mismo de siempre.

Momentos antes de ser atada a la cama, de un momento a otro, apareció vestida con un lindo kimono rojo (Ágatha le había comentado que le gustaban los atuendos japoneses), al parecer los doctores la habían complacido con algún pedido especial que ella les había formulado y ese día habían decidido vestirla así. Al poco rato, empezó a azotarse contra las murallas, le sorprendía de sobre manera que los enfermeros o enfermeras no la fueran a ver. Se levantó de su cama y salió al pasillo a ver si la podía ayudar, pero un doctor la tomó por un brazo y la devolvió a su cama, le advirtió que aquello era un experimento para ver cuán mal estaba la paciente y que no debían interrumpirlo, porque era de suma importancia en su mejora.

Exaltada, se quedó ahí esperando ver en qué terminaba la sesión.
Al culminar la experiencia, viendo a Ágatha tendida en la cama del frente, decidió quedarse ahí por más días - aunque sabía que prontamente la darían de alta- lo haría para saber en qué quedaría su caso y ver de algún modo cómo trataban a los pacientes, tal vez, este era un hospital cien por ciento ilegal y la metodología de trabajo no ayudaba en lo más mínimo en la recuperación de los desafortunados pacientes; eso era lo que precisamente quería averiguar.



jueves, 17 de agosto de 2006

Vehemencia

Vehemencia

Ágatha caminaba por el estrecho pasillo hacia un dormitorio, al llegar a éste se detuvo de improviso, rápidamente quiso mirar hacia atrás, pero ya era demasiado tarde, sintió un gran malestar en su cabeza y cayó al suelo.
Al despertarse, se encontró tendida en una pradera hermosa, florida, a su alrededor los pájaros gorjeaban alegremente, las flores crecían como nunca las había visto, la claridad del cielo la extasiaba, su lugar soñado, lejos de la ciudad, de la urbanidad en exceso, de los millones de transeúntes que la embriagaban con sus estúpidos episodios de arrebatos y bajezas, de las vagas conversaciones que mantenía con sus amigos, sus pocos y despreocupados amigos; tal vez ese era el motivo de su alegría, quizás no extrañaba la vanidad de su amiga Clara, la soberbia de Ernesto, la promiscuidad de María Trinidad, el oportunismo de Carter y la infaltable desfachatez de Eugenia.
Pensó que le habían dado un mazazo en la cabeza y con elegante lentitud optó por ponerse de pie y tratar de averiguar dónde estaba.
Caminó por horas y horas, pero no encontró rastros de humanidad, sólo era la naturaleza y ella, mientras recorría senderos y riachuelos, en su cabeza había mil cosas, recuerdos cortísimos de su paso por el colegio, vacaciones familiares, tardes con sus conocidos y cercanos, divisaba a sus compañeros de universidad, después imaginaba qué le dirían en su trabajo cuando la viesen llegar, cómo sería recibida, ya que no sabía cuánto tiempo permanecería ahí.

Cuando su cuerpo ya no daba más por el agotamiento y el hambre, justamente encontró un árbol frutal, se inclinó para alcanzar una manzana, lo que le recordó la imagen de “Adán y Eva” en el momento en que los echaron del paraíso, pensó en lo terrible que había sido para ellos haber probado el fruto prohibido, que por su parte, muy por el contrario, no daba cabida en su cerebro, fuese un pecado necesario de castigarse; lo rozó con los dedos y cuando hubo alcanzado la parte inferior de ésta, la trató de jalar con mucha energía, mas lo único que consiguió fue resbalarse y recibir un estruendosos golpe en el tronco del árbol.
Otra vez estaba en ese pasillo, largo y estrecho, vacío, cubierto por las tinieblas, que le causaban un gran miedo desde niña, nunca supo qué era lo que le aterraba de la negrura de las sombras, sólo podía enfocarse en su miedo. Cada vez que se acercaba más y más a la oscuridad, trataba de respirar hondo y pausadamente, aunque a momentos retenía el aire, lo que aumentaba su adrenalina y sensación de ahogo. De pronto, una luz se encendió desde la lejanía del corredor, pequeña y luminosa, creyó percibir una luminosidad casi como si fuera una especie de candelabro, una vela de mano o tal vez, quién sabe, un diminuto fósforo. La luz se extinguió y perdió el control, algo la tomó y azotó fuertemente contra la pared.
Nuevamente era de día y la radiante felicidad de Ágatha se fortalecía, hoy aparecían más animalitos en su pradera, ardillas y conejos se le acercaban y acurrucaban en sus ropajes, de pronto, sin anticiparse a hacer algo, la perturbó el sonido de un cuervo que pasaba por el cielo nublado, lo observó y sintió que podía ser algún presagio de algún mal que se le acercaba. Como el día anterior, esta vez también se dispuso a buscar nuevos indicios de vidas pasadas o partes de humanidades perdidas. Al llegar a una inclinada pradera logró divisar a lo lejos un manantial que servía como fuente hidrogenada para varias especies, sin aún lograr encontrar algún rastro de osamenta u organismo desarrollado.
Ágatha se acercó al agua y la palpó con sus propias manos, sintió la frescura del agua desplazándose por sus dedos, recorriendo sus tibias manos que acariciaban con delicadeza el tierno manantial.
La ansiedad fue mala consejera y la incitó a desvestirse de lo poco que llevaba puesto y a sumergirse en las profundas sombras de aquel lugar.
Sin saber cómo, sus piernas perdían su agilidad, sus manos se quedaban quietas, sus miembros se acalambraban sin ningún motivo; todo le parecía extraño, los ojos se le cerraban y la falta de aire empezaba a desesperarla. ¿Qué me pasa? – se decía a sí misma con asombro; después de aquéllo, despertó en aquel corredor oscuro y lejano que la atormentaba constantemente, no había nada que la salvase de la tortuosa y cotidiana molestia de no saber para dónde iba, qué hacía allí, qué buscaba, no sabía nada y a medida que el tiempo pasaba, perdía la esperanza de poder salir del lugar. ¿Cómo puedo salir de aquí? - Decía confundida, pero al parecer nadie la oía, ¿Qué estará pasando? – Continuaba diciéndose - Los sonidos eran ecos del silencio, su apasionado malestar la hacía golpear los muros del edificio, pero aún así, nadie mostraba indicios de querer explicarle lo que sucedía.
Al cabo de unos minutos, las luces se encendieron, “Por fin se hizo la luz” – Exclamó- ahora sí podía distinguir las paredes de madera fina y cuidada, creía estar en una casa japonesa, sorpresivamente notó que vestía ropa japonesa, su atuendo de geisha era muy particular y a causa del prensado kimono, le costaba trabajo caminar mientras los recuerdos se le venían a la mente.
Su familia se había ido hace poco, pero - ¿A dónde? ¿Por qué sin mí? – Se decía mortificada. No alcanzó a terminar de razonar, cuando un joven vestido con un delantal blanco y aspecto serio la tomó del brazo y la encaminó hacia el fondo del pasillo, apresuradamente abrió una puerta y la recostó sobre la cama. Con dificultad la amarró a la camilla, le pidió que se calmara, y con grandes pericias logró inyectarle un sedante - ¿Qué me está haciendo? – Pensaba mientras oponía resistencia a la inyección – unos segundos después perdió el combate y no pudo más, sus ojos perdieron la fuerza con que se mantenían abiertos de par en par, percibió por última vez la silueta de aquel jovencito en los pies de la cama y todo se tornó borroso.
Mientras la droga le hacía efecto, recordó todo, en un flash back se le vinieron los recuerdos a la cabeza, su familia, sí, su familia la había dejado ahí, abandonada, no, mejor dicho, por alguna razón de suma importancia habían decidido mantenerla encerrada, ¿Qué me sucede? – Creía gritar – pero no podía proferir sonido alguno.
Con calma decidió pensar y razonar, “Si estoy aquí, debe ser por algún motivo demasiado relevante” Y con justa razón, las imágenes lo decían todo, ella vestida con el mismo kimono que llevaba puesto, mantenía en sus brazos lo que parecía un bebé, lo acariciaba con serenidad y con una aletargada sorna que la hacía parecer tortuga.
¡Su bebé, sí, éso era! “¿Dónde había quedado? ¿Qué habían hecho con él? - Las lágrimas brotaban de sus ojos, su cara se bañaba en ese fuerte torrente que empezaba a mostrar los estragos que producía en el maquillaje y en su rostro opaco y triste.



domingo, 28 de mayo de 2006

M & R

Misterio M & R

Deseando Que Todo Sea Favorable, Que Aquel Personaje Anhelado Sea Para Mí, Estoy Aún En Penumbras Esperando El Día En Que Por Fin Pondré Fin A Este Ingenioso Misterio Inventado Por Mí Mismo Y Que Hasta Ahora No He Podido Descifrar.

Según Actos Evidentes Por Parte De Él, Mi Teoría Se Estaría Cumpliendo.
Según Mis Fuentes De Investigación, También Lo Sería.
El Asunto En Este Momento Es Saberlo Por Parte Del Afectado Principal.

Cómo Hacerlo?

Ahí Está El Problema, Cómo Saberlo, Necesito Idear Algo, Pero Luego; Quién Sabe Si Resulta?
Me Hace Falta Más Confianza; Envidio A Las Personas Que Se Lanzan Al Problema De Forma Relajada, Sin Temer Nada Ni Tener Remordimientos O Trancas.

Ojalá Que Pronto Se Resuelva Todo Y Sea Positivo Para Ambos =P

Que Se Pudra! xD