sábado, 3 de marzo de 2012

Modelo R9S11

Corazón de Latón, Cerebro de Serpiente

Benjamín es tendencioso, sus reglas y creencias son inamovibles, tiene claro lo que busca y usualmente no duda en dar marcha atrás a sus anhelos. Extrañamente las últimas veces que he hablado con él me ha manisfestado sus ganas por cambiar ciertos aspectos de su forma de actuar, siente que está haciendo mal, que la vida lo ha desilusionado y que corre como un ratón en una rueda dentro de una jaula.

No sé realmente qué pasa con él y es obvio que me gustaría saberlo. Yo intuyo que su propio bienestar le está "quedando chico" y que el estancamiento que sufre le hace sentir acorralado, que necesita renovar su agenda y que debe correr algunos riesgos, porque quien no arriesga, no gana.

Es sumamente doloroso para mí notar que su sinceridad con este tema es tal, que me encantaría poder ayudarlo, pero no sé cómo. Darse cuenta después de años que la felicidad en base a cosas simples ya no te sirve tanto como te lo hiciste creer y que ya debes pensar "en grande", pues ya estás mayorcito y te corresponde casi como una obligación nominada por el Universo, imagino debe resultar por lo menos un poco frustrante, si es que no llega a ser doloroso el simple hecho de reconocerlo.

Lo cómico, si es que algo de eso hay en esta situación, es que Benjamín no sabe que su conducta es anormal, puesto que es un Androide y a nosotros los robots no nos está permitido añorar ni menos sentir molestias ni sensibilidad alguna ¿Será que está evolucionando? ¿Cómo puede ocurrir esto?



Entre mayor te vuelves, problemas más grandes acarreas aún a pesar de seguir viviendo y transitando en este mundo que nos hace parecer seres tan pequeños como las hormigas.


sábado, 31 de diciembre de 2011

Año Nuevo

Últimas Líneas

Esta fecha, no sé muy bien el motivo, no me hace mucha gracia, quizás es por tantos vacíos que dejó o porque simplemente implica terminar un ciclo, cosa que me cuesta mucho aún en algunos sentidos.
Todo el mundo empieza con el cliché de analizar los trescientos sesenta y cinco días anteriores y se ponen metas, mienten diciendo que cambiarán su dieta, serán más responsables, que dejarán el odio de lado y que le desean el bien a todo el que se cruce por delante.

Yo sólo tengo algo que decir con respecto a este día y es por eso que hace unos minutos me propuse escribir una breve reseña de algo muy particular: tengo que empezar el nuevo año dejando atrás algunas situaciones, complicaciones y deseos insanos. Junto a esto va de la mano dejar en el camino a mucha gente, ambiciones y otras tantas malas prácticas que son difíciles de remediar, pero también así (porque no tiene que ser necesariamente todo negativo) girar y mirar las cosas con un punto de vista distinto, aprender y filtrar lo que voy necesitando para poder seguir.

No prometo reiniciar mi cerebro y ser un sujeto profundamente bueno, porque no hay posibilidades, no suelo mentir en ese sentido y tampoco pretendo empezar a hacerlo ahora.

Espero que para cada uno que lea esto, este día signifique algo especial, algo bueno, algo malo, algo de lo cual desean reflexionar o simplemente gozar en compañía de quienes deseen, por mi parte, aún tengo trabajo por terminar.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Primavera, estás aquí

Crepúsculo

Era un día viernes y decidí tomar las pocas cosas que necesitaba para partir y echarlas en mi mochila, alguna que otra muda de ropa, dos cajetillas de cigarros, la botella de mi trago preferido, mi cámara, alguna de mis cartas para ti y tu foto era todo lo que me bastaba.
Partí hacia el puerto en el primer bus que logré tomar y al cabo de dos horas estaba pisando el comienzo de esta larga travesía.
No quería perder tiempo recordando lugares de antaño así que sólo me dispuse a partir al sector donde arrendaban barcos, hablé con algunos capitanes y con otros pescadores para conseguir un barco acorde a mis necesidades hasta que encontré el indicado.

La tarde estaba sencillamente adorable y el mar inmenso no terminaba de encantarme, saqué unos cuantos cigarros y los disfruté con un trago tras otro, hasta que ya no pensaba del todo bien y mi equilibrio empezaba a escasear. Leí hasta el cansancio la carta que llevaba conmigo, mi confesión junto a tu foto eran el dulce martirio que enfermizamente anhelé por tantas horas. La noche cayó y tu recuerdo se transformó en tu imagen, como si estuvieras ahí conmigo, riéndonos de las mismas idioteces de juventud, recordando viajes y conversaciones que eran como tesoros que jamás dudaría en guardar entre mis debilidades, aunque significaran una especie de angustia recurrente.
Llamarte se había convertido en un riesgo muy grande y por lo mismo no quise agregar el teléfono a mis pertenencias. Al parecer este retiro se tornaba en una especie de éxito al poder seguir callando aún el deseo de gritarte un “te quiero” cargado de sensaciones.

Mi barco se agitó al chocar con una roca y yo caí al agua casi de inmediato, golpeándome en la cabeza. Unos minutos que para mí se sintieron como horas sin poder respirar se convirtieron en un relajo inmenso que ya cuando no quedaba más aire me desesperaron, pero extrañamente no tenía miedo, no había nada que me obligara a salir a  flote, hasta que de pronto escuché tu voz y vi tus manos estirándose en la superficie. No tenía fuerzas para moverme, cada vez me hundía más y realmente no había nadie que me salvara, estaba perdido, no había otro final posible, pero tú siempre estuviste, lo sé, me esperabas afuera, me llamabas con tu siempre particular estilo, entre sonriente y enojado, entre coqueto y furioso, entre deseoso e inocente, entre dulce y desdeñoso como un niño, todo lo que por años me había atado a ti ahora se manifestaba en un simple zambullido que me liberaba de esta cargosa culpa, casi como si ese hubiese sido el destino que siempre busqué, haciendo que me llevara este recuerdo tuyo, mi tesoro.

lunes, 15 de agosto de 2011

Tiempos de Espera

Tic Tac, Tic Tac

"Reloj, no marques las horas..." - Decía hace algunos años un cantante.
El tiempo avanza y me mata, me ahoga, no sé definir con cautela mis pasos.

Hay algo en ti que no entiendo realmente. Acá soy tajante, el problema no soy yo, el hecho de quiera compartir contigo no implica que estoy mal, es más, lo encuentro incluso natural, cuando uno conoce a alguien y se da cuenta que gusta de pasar su tiempo y aventuras con ese alguien, lo lógico es querer disfrutar de la compañía de esa persona y no de su ciber-compañía.
No quiero entrar a especular el motivo de tu desinterés o poco atinada decisión de no buscar la instancia para vernos las caras y, por ende, captar nuestras palabras por lo menos con las verdaderas intenciones que las acompañan, porque me sugirieron que no pensara más allá de la cuenta y también porque no es lo que me convocó a escribir hoy.

Hoy me siento más que nunca como una olla a presión. LLevo días aguantándome esta sensación extraña de estar interactuando con un ser que tiene un nivel de matices inesperados y que por más que "solidarizo" frente a ellos, no me llega ni siquiera un atisbo de respuesta que me deje algo más tranquilo con el tema.


¿Qué te hace pensar que no me voy a aburrir de "esperarte"?
Ni siquiera estoy usando el "esperar" como un término concluyente, como si me refiriera a legalizar o a concretar alguna especie de propuesta.
Yo sé que pueden existir tus razones, desconocidas, pero las hay. Lo malo es que yo ya he conocido sujetos como tú, con sus trancas y cosas por arreglar y, desgraciadamente (para mí) y según las leyes que ahora rigen mi personalidad, tu cabeza rodará de seguir así.

¿Qué te hace creer que yo no extraño verte o regalarte una sonrisa?
Con esto insisto, no estoy mostrándome como un hombre derretido por tu encanto, sólo estoy externalizando algo que considero esperable dado el caso, salvo que yo esté muy mal, muy apresurado (algo difícil) o muy no sé qué y deba calmarme, porque estoy "exigiendo" algo ilógico. ¿Se supone que no deba querer verte?

No sé desde qué momento nos volvimos tan mezquinos como para regalarle nuestro tiempo a aquellas personas que conocemos de antes y no podemos dedicarle algunas horas al forastero atractivo con el cual "decimos simpatizar" y que hace poco tocó nuestra puerta. 

No sé ni siquiera por qué gasto mi tiempo filosofando sobre ti...
No, alto, sí lo sé... Me gustas (un poquito).

¿Estoy mal? 
Me voy a empezar a acostumbrar a pensar que esto "no es" o que simplemente "esto es todo lo que tenemos para ofrecer".