sábado, 8 de mayo de 2010

Confesiones En La Barra IV

Entre El Espectáculo y Las Sombras
 
No he visto a Gustavo, no he hablado con Cristóbal, aunque seguimos saliendo, tratando de controlar mi animal interno, el que siempre termina apoderándose de mi "yo completo", es en él en quien muchas veces descanso y encuentro una salida.

Hoy, para mí, es un día de esos en que no quieres nada, te sientes superado por la rutina, no sabes de donde eres ni a donde perteneces, un momento en el que sólo quieres disfrutar de un trago, en un local desconocido, solo, mirando al resto.

Es muy raro que me sienta desorientado, pero últimamente las cosas no han pintado muy bien, siento que estoy en un lugar que no me pertenece, con muy poca gente que considero "propia", con la cual puedo actuar naturalmente, sin necesidad de censurarme. Es extraño, esta sensación de enajenación es tan poco usual que tampoco entiendo muy bien como haré para neutralizarla.

A veces he llegado a pensar que mi actual estado se terminará luego, que soy yo el que tiene la llave para decir "hasta aquí nomás llego yo", aunque me empecino en que no termine cediendo frente a la amenazante idea de dejar las cosas botadas y decantar por lo que me está llamando, lo que me hace señas de lejos.

También me he dado cuenta que hábitos que tenía los he dejado de lado, mientras que otros los he adquirido paulatinamente, haciéndome sentir bien, un poco más completo, satisfecho, y la verdad es que no sé hasta cuando seguiré actuando como el ciego que no quiere ver, como el tipo perseverante que no manda las cosas a la cresta por el miedo a fracasar.
Quizás sea yo quien ahora deba volver a preguntarse:
"¿Quieres correr el riesgo?" y saber también hasta donde llegaría por correrlo.

Se baja el telón, el cuarto acto llegó a su fin.


jueves, 28 de enero de 2010

Confesiones En La Barra III

Acaudalado y Latente

Cuando uno está ganoso y caliente, opta por hacer cualquier tontera que esté al alcance, así de simple, tanto así que, a veces, uno casi ni se entera de las cosas que terminó haciendo con Pedro, Juan o Diego, sólo ocurrieron, cómo ni por qué, no interesan.

Mientras me muevo, se me olvida todo; el nombre del susodicho, ni ahí, la hora, ni ahí. Con decir que hasta mi intento de bajón y encontrar a un alguien que me frene también se perdió, todo por la vil necesidad, la mal ponderada satisfacción.

Hasta que un día de esos, de la nada, se asomó una pequeña gacela entre la espesa hierba y me revolvió lo que es todo.
Traté de cazarla, pero me retracté, no pude usar mis habituales artimañas de galantería sexual y me contuve sólo a lo moral; ni yo mismo sé que cresta me pasó, no pude.

Así que como podrán adivinar, lo invité a salir otra vez, quedamos de ir al cine a ver una película que él eligiría, porque yo para el cine soy nulo, me carga, lo encuentro fomesísimo.
Lo pasamos muy bien, mucho más de lo que tenía espectado, terminamos conversando en un pub, no en el de Gustavo, obvio, porque o si no hubiera estado más pendiente de él que de mi cita.

Realmente no sé que me pasa, pero pude retener su nombre, se llama Cristóbal, trabaja en un bufet, es inteligente, tiene un talento innato con las palabras, su carisma me atonta, es muy sincero e incluso sabe bailar, así que con eso estoy pagado.

La verdad es que espero disfrutarlo más y saber si mi hora llegó, así que ATRÁS SATANÁS, déjame conocerlo, pero no en la cama... (aún).
Escena dos, luz, cámara, acción.

miércoles, 20 de enero de 2010

Confesiones En La Barra II

Solo Con Mi Almohada

Hoy no tengo ganas de ir a tomar donde Gustavo, me siento pésimo, siquiera me atrevo a elucubrar un intento de piropo para alguna presa, acabo de recordar que el traje que cargo a diario me está pesando demasiado y eso es realmente alarmante.

Así como soy capaz de enamorar a medio Santiago, también debería haberme dado cuenta que hace rato mi rol de animal pide un descanso, que necesito dejar de ser tan marginal y empezar a creer en que existe ese alguien en quien puedo apoyarme, sentirme atendido, comprendido, valorado y amado.

¿No sería malo, después de todo, no?
Si al final no puedo jugar a ser Dios, no, eso no pinta bien, para nada.
La cosa es que esto estaba latente hace rato, las ganas de decir "basta" va más allá del cansancio físico, la verdad es que estoy muriendo emocionalmente, la soltería vitalicia de la cual me vanaglorio comúnmente es más tajante que mi excitante travesía por camas ajenas (y eso ya es mucho decir).

Fui claro, estoy reconociendo mi derrota, aquí mi teatro empieza a desmoronarse, dejándome en pañales, desvalido, como si fuera un eunuco, casi inservible, sin posibilidades de improvisar.

El asunto ahora es más denso: ¿cómo cresta voy a actuar frente a un tipo que me llame la atención sin caer de nuevo en el patético y pedante juego que estoy acostumbrado a montar?
Quizás ese sea mi mayor reto, evolucionar, mirar a los hombres de otra forma, ya no son genitales deambulando por la calle, por la vida, sino que son formas orgánicas aún inexploradas como tal por mi fogosa mirada.

Bueno, nueva vida, aquí voy....
Recíbeme con las piernas... eh, brazos abiertos.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Confesiones En La Barra I

Ligando Número 1

Caminar por la calle no es entretenido cuando está lleno de minas lindas que te sonríen y más de alguna vez ríen luego de que te regalen alguna miradita coqueta, tomando en cuenta que a ti no te gusta lo que ellas tienen para ofrecerte; es una lástima, pero es la cruda verdad que ellas tienen que afrontar.

Si camino por la calle me gusta disfrutar del paisaje, de las calles, de los autos, de la gente... ¿A quién mierda quiero engañar?.
Lo que a mí me gusta mirar es a los hombres, me
matan las barbas, las poleras ceñidas a un cuerpo trabajado, un poto generoso, que su estilo al vestir sea interesante, atractivo, pero lo que más me mata es cuando luego de mirarlos y pensar "qué lástima que no seas algo más que un cruce en la calle", me llega su olor a perfume, en donde me convierto en mantequilla derretida en una tostada recién preparada.


Yo sé que esto suena muy amariconado, incluso puede parecer patológico, así que siempre recurro a un muy buen amigo, el más fiel que puede existir, mi amigo Gustavo.

Mira, Gustavo, tú sabes que si vengo para acá es porque eres el mejor barman que existe en todo el sector, y porque, evidentemente, eres mi mejor amigo, tú sabes que no me gusta tener amigos maracos, no va conmigo toda su volá naturista ni sus clases de pilates con su amiguita de turno, a mí me gusta la carne, las pesas y el hueveo, el hueveo intenso.

Sí sé, sí sé; ya cuenta luego, que vienes con cara de ansioso.
¿Lo mismo de siempre, cierto?

Sí, un pisco con negra. El otro día vine a tomarme un trago sin avisarte, desgraciadamente (digo cínicamente) tú no estabas, así que al final me tuvo que atender ese minito que va pasando (poniendo cara de inocente y apuntando a un mesero).

Ya... creo que capto para donde va la historia, veamos que le hiciste a este tipo, porque según voy viendo, una mentira le contaste para engrupírtelo, porque el pobre pasa por tu lado y te despedaza como hiena hambrienta.

No me interrumpas, que esto es lo mejor: después de haber estado prácticamente toda la noche tomando solo y conversándole, terminamos en mi departamento, tengo que decirte que está harto rico, mejor ni te cuento como lo pasamos. Lo mejor es que quedó loco, compadre, a los días me llamó para vernos otra vez, y yo, como buen samaritano, no me pude negar y tuve que ayudar al prójimo, como decía el curita de mi mamá.

Hueón, por favor, cambia la cara de caliente que pones cuando este maricón pasa y te menea el culo, ¿no te das cuenta que quiere puro ir a follar al baño?

Bueno, ¿y cuál es el problema, dónde tengo que firmar?

Porque soy tu amigo y aunque no chuteemos para el mismo lado, te entiendo y te conozco, te creo capaz de ir y pescártelo en pleno baño, pero por favor, no lo hagas, que le podrías causar problemas al local.

Ya, hueón, controlaré a Toñito, tú sabes que es medio rebelde y de repente ni haciéndole cariño se calma, ya te he contado esa gracia.

Jajaja, ya, idiota, para de huevear y termina de contarme.

La cosa es que acordamos de juntarnos hoy, aquí, así que estoy esperando a que termine su turno para irnos a mi departamento... lo que no sabe es que voy a llevarlo a la playa, como sorpresa, para salir de la monotonía de mi cama.
Río y sorbo un poco de mi trago.

Caliente e' mierda, a ti no hay quien te cambie.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Hey, Stop! II

El Café Ya No Sabe A Ti

Como si fuera extraño, Alfonso experimentó una rápida sensación de euforia, se sintió tembloroso, un tanto excitado por la verdad. El cigarro lo había dejado hace tiempo, pero por un momento deseó encender uno, como si estuviera sediento de un néctar inaccesible. Supuso que un cigarro no le haría mal a nadie, además, nadie tendría porque saberlo. Miró al joven que tenía en frente y como un cobarde dio media vuelta, saliendo del gimnasio camino a su casa, sin antes pasar a comprar cigarros y un encendedor para dedicarse a fumar.

Ya se veía el atardecer desde el balcón, el frío empezaba a caer y los deseos de estar pegado en aquel lugar se hacían incesantes, entonces tomó su jarrón de café favorito, se sirvió de un poco y disfrutó el momento fumando, recordando los bellos atardeceres de su juventud.

La noche estallaba sobre sus hombros, la gente se veía por las calles, dispuesta a gozar, mientras él aún pensaba que se sentía solo, amargado, como un viejo huraño. Sin embargo, aún había cosas que le dejaban un sabor dulce en el alma, sus días con Héctor.

Para él, Héctor era un hombre correcto, amable, de esos que ya no lograba encontrar, quizás no tanto porque no los hubiera, sino porque ya no le llamaba la atención buscarlos y
, por más que lo intentaba, aún no podía despegarse del suelo, las alas le habían quedado extremadamente dañadas como para ambicionar un vuelo sin desperfectos.

A veces creía soñar con él, mientras otras creía verlo pasar por la avenida, pero nunca era él, siempre tropezaba al andar, una y otra vez sin parar, hasta que se acostumbró a que no aparecería jamás, perdiendo la esperanza, extrañando su esencia.

Un temblor nuevamente le invadió el cuerpo, el último sorbo del café le pareció repugnante, sin querer, al hacer una morisqueta por el sabor, dejó caer el jarrón desde su balcón hacia la calle, viendo cómo los últimos restos de su época dorada eran liberados de su cobardía.

Estoy loco, loco por tu culpa... Ya no le tengo miedo a las alturas, Héctor ... ¿viste? ya no me tienes que molestar diciendo que no puedo subirme, espérame, no te vayas...

Ahora Alfonso sonreía desde el suelo, junto con su tazón y su amor por Héctor esparcido como el café amargo.


Esto va dedicado para ti, Alicia.
Te quiero, un abrazo.

lunes, 19 de octubre de 2009

Hey, Stop! I

Esto Es Urgente: S.O.S

"¿Sabe qué?... puede quedarse con su trabajo e irse a la mierda, viejo maraco, yo ni cagando acepto su cagá de oferta!

Las cosas estaban más que claras, el botón de retroceso no existía. Los edificios, impacientes, esperando a que la gente avanzara lo más rápido posible, deseando que nunca se les olvide, observaban a Alfonso desde sus cornisas infranqueables, lanzándole una mirada desafiante, inquisidora, quizás solidaria, comprensiva, casi amigable, casi preguntándole qué le pasaba.

Alfonso, perdido, nadando en sus pensamientos, consumiéndose por la rabia y la ira, por el remordimiento, por el deseo de haber hecho algo más, deseando estar en un abrir y cerrar de ojos en su departamento, sirviéndose un trago, disfrutando en el balcón, miraba desencantado la arquitectura Santiaguina, como si los muros tuvieran la culpa del desatino de su jefe.

Su jefe, el viejo pelado, el del bigote de brocha, ese que se jactaba de ser muy macho, ese que se tiraba poco menos todo lo que caminara, se le había insinuado descaradamente, y, obviamente, como él se había negado, no había optado por nada mejor que chantajearlo con lo que más le dolía.
- "Tienes dos opciones, cabrito, o me das la pasá o te echo"

El viento se colaba por sus dedos mientras que su enfado se lograba esconder tras los lentes de sol, su camisa semi desabrochada y los puños arremangados le terminaban por otorgar la elocuencia con que se desquitaba con el pavimento, maquinando alguna vía de escape.
- ¿Y si me lo cago y le cuento a la esposa? -

Llegando al gimnasio, al que había decidido ir para liberar tensiones, se topó con varios de sus usuales compañeros de ejercicio, con los cuales tranzó un poco eufórico saludo, menos con uno, el mismo que siempre lo miraba con cara de timidez, de introspección, casi como si estuviera mirando a su rock star favorito, a éste lo quedó mirando, ya aburrido de sus constantes miraditas sin finiquito, e invadido por el arrebato lo detuvo en su andar y le inquirió claramente:
"¿Qué, te gusto que me miras tanto?"
El pobre tipo, que se había sentido descubierto, casi desnudo frente a tan directa pregunta, que llegaba de improviso, sin delicadeza, se ruborizó y le respondió con un .

domingo, 20 de septiembre de 2009

Con Cada Paso Se Aprende...

Verse Renacer

Cuando lo vi por primera vez dije: "seguramente es maraco"; al rato, sin equivocación lo estaba confirmando. La segunda vez fue distinto, quizás peor, dije "aparte de maraco, es intensamente fleto", prejuzgándolo concienzudamente, y aunque verlo me provocaba una inmensa atracción, no podía despegarme de la idea de que simplemente a mí no me vendría bien.

Terminamos compartiendo un tequila, un cigarro y una discusión, pero yo seguía inerte, lo miraba con desasosiego, me costaba recaudar ideas y mezclarlas para tener un "todo" en cuanto a él, trataba de juntar su mirada insegura con sus tímidos sonidos, su andar pausado y notoriamente ebrio con sus delirantes dardos que me lanzaba en picada, sin embargo, no daba con el concepto exacto.

A pesar de tener cierto dominio sobre la situación, mantenía un pie dispuesto a acelerar y el otro presto para mantenerme sólido, inamovible, sin temor, sin vacilar.
El tiempo me terminó por enseñar que la celeridad te termina matando, porque sin siquiera notarlo ya estás en medio de la tragedia, así que me transformé en caracol.

Fue recién al pasar los días cuando supe que la idea que resumía su esencia era simple, siempre había estado frente a mí, fue mi estandarte de guerra durante años, lo extrañaba, sí, anhelaba que nos reencontráramos, se llamaba "ímpetu".

Cuando uno se ve crecer y nota que envejece un poquito, se da cuenta que cuando se es joven uno tiene las ganas de causar impresiones, de combatir y pelear por los pensamientos que nos embargan, por más disparatados que sean, pero que ya cuando dejas atrás esa etapa te parece sorprendente que alguien más ocupe tu puesto.

Lo más probable es que esa esencia ligera y despreocupada para con el mundo me causara entusiasmo, me hiciera sentir libre y vigoroso como antes, cuando roía a mis enemigos hasta convertirlos en cenizas que el viento esparcía.


Y así concluí con parte de este pasaje, que claramente aún no se termina, pero que definitivamente me mantendrá envuelto tratando de descifrar algunos enigmas.